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Oídos sordos
Qué no corren buenos tiempos…
ya ni siquiera es noticia. Lo hemos aceptado como se acepta las cosas
irremediables, que suceden porque tienen que suceder sin que nada ni nadie
pueda evitarlo, como el pan de cada día y amén. Esto no es ni del todo malo ni
del todo bueno. Ayuda a afrontar el día a día con prudencia y el suficiente ánimo pero también nos
puede dejar encerrados en un cascarón que con el tiempo nos causará dolor e infelicidad.
Hay que mirar al frente y de
frente sin que se nos escape ningún detalle que suceda a nuestro alrededor. Si
dejamos de mirarnos el ombligo, veremos
a los demás, qué ya sabemos que hay gente que no merece la pena mirar, pero hay
otra que lo merece todo.
Hoy por cuestiones de trabajo
conocí una fundación: http://www.fundacion-ayuda-a-la-audicion.org
y fue una bocanada de aire fresco. Y si, qué yo sé que todavía hay gente buena,
¡porque vivamos en un país donde reina la corrupción no voy a perder la fe en
la humanidad!, pero de vez en cuando me hace falta que me lo recuerden. Seguro
que es porque soy humana. Fallo mío. Podía intentar cambiar, insensibilizarme
como han hecho todos los que nos pisan con cara de asco, como si nuestras vidas
y problemas diarios no fuesen más que un incómodo chicle pegado a las suelas de
sus carísimos zapatos, pero no puedo.
Es que yo soy una de esas
personas que se emocionan con las pequeñas cosas de la vida: una flor, un beso,
un apretón de manos, una sonrisa, un gesto solidario… nunca me arrepiento, aunque
siempre me despierte sin saber qué pasa, chupando un palo sentada sobre una
calabaza.
Si bien la vida ya me ha
enseñado a distinguir entre los problemas que no tienen solución, aun no me ha
dado la sabiduría para arreglar ni la mitad de los que la tienen, normalmente
acabo metiendo la pata hasta el fondo y un poquito más, sí, sí, es esa horrible
postura en la que no se puede ir más allá ni, por supuesto, retroceder porque no
hay ningún sitio donde ir a menos que me salgan alas y pueda ir hacia arriba. Y
allí sigo hasta que alguien pasa por mi lado y me tiende una mano. Pues esto, a
groso modo, es lo que realiza esta fundación. Tender manos.
Algunos sectores de población
son más frágiles que otros y deben protegerse más para no caer en un
aislamiento parcial o total. Es muy duro vivir sin un sentido, en este caso, la
audición. Pero es más duro vivir sabiendo que tiene solución y que no la puedes
pagar. Esto sí que es un sin sentido.
Os invito a que conozcáis su
labor, aunque no tengáis ningún déficit de audición, también ayudan a prevenir
el corazón duro y los oídos sordos. OIDOS SORDOS. AUDIFONOS. PÉRDIDA DE AUDICIÓN.
Fotografia: Autor desconocido. Agradezco cualquier información para darle su merecida autoría
Fo
Fotografia: Autor desconocido. Agradezco cualquier información para darle su merecida autoría
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